Noche de insomnio. Alguien está mirando a través de los vidrios empañados. Eres tú. Te abro la puerta acristalada y te dejo entrar. Es una noche lluviosa. Te desabrochas la chaqueta y te acomodas en la butaca roja que alguien me regaló un mes de marzo. Ya estás dentro y, lo más importante, conmigo. Relájate. Concéntrate. Aleja de ti cualquier otra idea de la mente. Deja que el mundo que nos rodea se esfume en lo indistinto.
Lentamente surgen interrogantes, deseos, engaños, obsesiones, sueños... Puede que, tal vez, aparezcan la soledad y la angustia. Así, con la lluvia como banda sonora, iremos tejiendo una tela de araña hecha de palabras donde será imposible separar las fronteras de la realidad de las de la ficción (si es que alguna vez éstas se pudieron separar).
Cuando nuestro viaje nocturno esté tocando a su fin, no me iré sin darte antes un beso. Un beso que cerrará el hoy para saludar al mañana. Un beso que sólo terminará cuando uno nuevo empiece. Recuerda que la butaca roja siempre te estará esperando. Un café y cigarrillos sobre la mesa también, no te preocupes. Así será más llevadero eso que nos proponemos esta noche: descongestionar y ensanchar el alma.
Lo dicho, bienvenido a mi blog ;)
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