10 de marzo de 2012

El tiempo envejece deprisa

Por primera vez, al entrar en la antigua librería de Ramón, no había sido ella la que había elegido un libro. Esta vez, fue el libro el que la eligió a ella. “El tiempo envejece deprisa” de Tabucchi se metió en su bolso tras dibujar un movimiento inesperado y silencioso.
Nada más abrirlo: “nubes”. Sí, nubes. Ese era el título del relato que se disponía a leer. Y no pudo evitar viajar 20 años atrás cuando, de niña, le encantaba contemplarlas. Siempre había sentido curiosidad por las nubes. Se podía pasar horas y horas en la vieja butaca del jardín dilucidando sus formas.  Formas raras y curiosas. Esta es un cerdo con seis patas y aquella un perro comiéndose una libélula. Y así veía desfilar todo un séquito de animales, números, barcos y coches por el cielo. ¡Qué ejercicio tan creativo y tan mágico! pensó para sí misma.
Y qué añoranza le entró de aquel jardín, de aquella butaca, de aquellas nubes, de aquella lejana niñez.  
Dejó el libro sobre la mesa y cogió la caja azul que siempre la había acompañado y en cuya tapa se podía leer: “Recuerdos”. Al destaparla, una ola de tiempos pasados inundó la habitación. Viejas fotos, viejas cartas. Ilusiones perdidas y sueños olvidados. Amigos para siempre separados. Equivocaciones e indecisiones. Travesuras compartidas. Amistades sinceras.
El tiempo era aire y ella lo había dejado exhalar por un agujerito minúsculo del que no se había percatado, le susurró Tabucchi. Pero ¿dónde estaba el agujero?, no era capaz de verlo.
Cerró la caja de los recuerdos y, al subirla al altillo donde iba a empezar a criar polvo, no pudo contener la lágrima que ahora se resbalaba por su mejilla.

Besos de cierre.

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8 de marzo de 2012

Oasis

Tregua, descanso, refugio en las penalidades o contratiempos de la vida. Esta es la tercera acepción que el omnisciente diccionario ofrece al lego de la voz "oasis" y tal es la imagen evocada en Carmen al oír 8 de marzo.
Hoy es obsequiada con una tregua cínica y efímera, condenada a ser olvidada el resto del año. Algo así como un oasis en mitad de una tierra pedregosa. Este oasis mañana volverá a secarse y Carmen seguirá, día tras día, desempeñando su trabajo de periodista, cuidando a sus hijos, su pareja, su casa y ocupándose de infinitas labores como viene haciéndolo desde hace años.
Va en el coche de camino al trabajo. Los programas radiofónicos no cesan de insistir en el Día Internacional de la Mujer. Hoy recordamos que la mitad de la sociedad sigue discriminada con puestos laborales de menor responsabilidad que los masculinos, con un salario mucho más bajo y con un acceso más complicado a la hora de optar a un trabajo. A pesar de ello, hemos avanzado mucho. Cada vez hay más mujeres trabajadoras con la valentía suficiente para atreverse a alzar la voz y no dejarse pisotear. Golpe a golpe, el techo de cristal se va resquebrajando y, progresivamente, nos vamos haciendo un hueco en lo que hasta hace muy poco había sido un mundo sólo de hombres.
Pero a las mujeres como Carmen aún les quedan muchas batallas por ganar. En países de África o Turquía parten incluso de peor situación. Las mujeres aún luchan por sus derechos más fundamentales como, por ejemplo, la educación o poder votar en elecciones.
No obstante, no hay que mirar sólo al futuro sino también tener muy presente el camino recorrido. Han sido miles las protestas llevadas a cabo por mujeres luchadoras en pro de la libertad y la igualdad. Son ya muchos los siglos impregnados de lucha femenina e, incluso, salpicados de sangre de mujer.
Corría el año 1857 cuando un día como hoy, 8 de marzo, por primera vez las operarias de una fábrica textil de Nueva York protestaban por la mejora de sus condiciones laborales: una paga mísera para muchas horas de trabajo al día en unas condiciones infrahumanas. Lucharon. Lucharon por su dignidad. Los cadáveres de algunas de ellas quedaron tendidos en la calle.
Desde ese preciso momento, las mujeres de todo el mundo hemos tenido a lo largo de la Historia en este día un pequeño oasis en el que sentimos una liberación de nuestra propia catarsis.
8 de marzo. La primavera empieza a vencer al desgastado invierno. En un banco cualquiera de un parque cualquiera, Carmen, se sienta. Cierra los ojos y se siente conectada, por momentos, con el resto de mujeres que habitan en este planeta. Algo le dice que todas, al mismo tiempo, están sintiendo fluir por sus venas el magnífico pulso de la vida. Son muchos siglos unidas por una fuerza y una causa común y brinda por todas las batallas que aún queden por llegar.
Al abrir los ojos contempla los árboles, las flores y el leve perfume a azahar que comienza a respirarse. Parece que el tiempo se ha detenido en aquel día de 1857 y tiene la sensación de que jamás han existido relojes. Han sido ocho horas de duro trabajo. Pero no está cansada. Tampoco abatida. En su particular diccionario tan sólo existen las palabras: coraje, dignidad e ilusión.


                                 * Feliz 8 de marzo para todas las mujeres valientes y luchadoras


      Besos de cierre

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