5 de mayo de 2012

Olores...

Estaba sentada bajo el toldo de la terraza divisando la tormenta en el horizonte. Era una tarde de agosto calurosa, un bochorno asfixiante envolvía el ambiente.  Pero estaba dispuesta a permanecer allí el tiempo que fuese necesario, me encantaban las tormentas de verano y se aproximaba una.  El sentir las primeras gotas caer era una sensación tan sublime que no podía explicar.  Ver a mi abuela correr para quitar la ropa tendida era una escena que nunca faltaba y que precedía siempre, por alguna extraña razón, al primer relámpago. Y yo me tiraba en la hierba para sentir el olor a tierra mojada penetrándome por la nariz y llegando a todo mi ser.  Oler, respirar, experimentar y percibir esa sencilla sensación era un momento tan feliz que siempre me parecía demasiado efímero.
Sí, hay olores que me hacen viajar en el espacio y en el tiempo.   
En esta noche solitaria sólo tengo que cerrar los ojos. Cerrar los ojos y abrir un libro. Acercar la nariz y sentir ese olor tan característico… tan indescriptible que me embriaga y me evoca fuertes recuerdos de las primeras clases de primaria.
O la dulzura olfativa que desprendían los yogures caseros de mi madre. Acordes de azúcar y melocotón  enredaban las ocasiones especiales.
Los recuerdos son más vivos si hay un olor asociado a ellos. Es curioso. Te invito a que lo pruebes. Seguro que tienes algún olor escondido en la memoria que ni siquiera tú sabes que existe y estarás satisfecho de haberlo encontrado y revivir tiempos pasados.

Es sencillo ser feliz.

Besos de cierre.

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